RAIN

miércoles, 7 de julio de 2010

Fluir de corazón con tres cervezas encima.

Ya sólo importan los demás, el resto. Yo sólo soy el eco de vuestra voz, de vuestros designios. Si algún día tuve voluntad no me acuerdo. Dan igual los deseos, las querencias, los restos de mi humanidad. Si alguna vez amé a alguien más aparte de ti ya no importa, si alguna vez mi cuerpo se retorció de ansias de amar a otro cuerpo aparte del tuyo lo he olvidado. Por ti, porque te quiero, porque te adoro, porque eres lo más grande, porque te respeto. A ti, a mí, a lo nuestro, a los tuyos y a los que me han forjado como ser humano incapaz de sobrepasarse, de rasgarse como construcción aparentemente perfecta pero que se sangra por los cuatro costados.
Nadie lo entiende, nadie me entiende y será así para siempre, hasta el día que me muera.
Hoy, que nadie se quiere, que todo se toca pero nada se ama, mis pasiones, mis “derrames” emocionales son contemplados como vilezas, como vulgares y absurdas emociones de discotecas trasnochadas… Y no puedo enfadarme, armarme contra vosotros con mi indiferencia, con mi rechazo y mi odio. No, me es imposible porque quizás el fallo esté en mí, en mi modo insensato, incoherente, irracional de ver el mundo, vuestro mundo. He vivido tantos años en vuestro mundo, con vuestras normas que he tenido que aprender a vivir sola, desilusionada y ese no es el camino, no. Camino sola, cierto, pero ilusionada y mi ilusión es inquebrantable, al menos por vosotros. Llegará un día en que yo misma la corrompa, que la destruya al destapar la imagen que no está pero que vosotros mismos os empeñáis en reflejar… Aún creo en vosotros. Mentira! No creo en vosotros, pero creo en ti, figura que se difumina en la Niebla y que me devuelve el rastro de lo que soy… No me canso de perseguir mi propia imagen. No por su perfección, sino para olvidar esta tristeza de estar sola, de habitar sola en esta niebla de mediocridad, donde el mundo ama aquello que sólo puede poseer, que sólo ama aquello que puede llegar a gozar en unos minutos etílicos.
He amado con ridículo frenesí, en silencio, con risas distantes, con mi cuerpo ausente, con llanto he amado hasta el amanecer, con la soledad. Mis lágrimas no han sido enjugadas jamás por una mano comprensiva, jamás me han visto amar por las noches, cuando me acuesto. Jamás he amado tanto como cuando él no está y sin embargo no te amo menos por ello, a ti, a ti que contemplas mi amor cada día y que te lo doy todo, hasta lo que no soy capaz de darme a mí misma.
Desisto, desisto de ser comprendida, de que encontréis palabras que hagan honor a lo que siento. Todos vuestros discursos serán un insulto ya no a mi intelecto, sino a mi sentimiento. El lenguaje no ha parido aún las palabras gentiles con las que dirigirse a mis afectos. Si quisieseis nombrar lo que me brota del pecho vuestra lengua rompería a llorar de la vergüenza y quedariais transmutados en terroríficas culebras de sangre fría.
Si por un momento comprendieseis el enorme esfuerzo que hago por fingir todo, por estar ahí cuando no quiero estar, quizás alguien me vendría por detrás y me daría un abrazo… El tacto de la piel, esa sensación de protección, de que alguien me arropa, de que ya pasó todo, de que soy frágil y no pasa nada por serlo. Que alguien me vea, me reconozca sutil, pequeña y sin palabra alguna me agarre la espalda y me estampe un abrazo… No es fácil ser siempre tan feliz, no es fácil evitar sucumbir a la infelicidad cuando bebo, no es fácil seguir sonriendo. Ya lo dije una vez: rasgan ojos color negro, mueren rojos en la boca.
Caerme, descansar, reposar sobre mi centro y que me arropases, que me comprendieses. Querría amarte, tocarte, hacerte el amor hasta que desfallecieses, pero me conformaría con tan sólo una caricia, con una palabra amable, con un gesto de complicidad.
A ti, amiga, sé cómo funciona el mundo, me lo han enseñado tantas veces… No soy imbécil, ni inocente. El inocente no huye; simplemente, no ve. Y yo huyo, escapo de vuestra propia representación y os modelo en mi mente como personas carentes de significado deseando encontrar a vuestra metáfora para cargaros de sentido. Y, mientras, dais tumbos y herís y sangráis. Y yo lo entiendo y veo en vosotros la herida y no el puñal que me rasga los sentidos. Y os disculpo y os amo. No, os quiero. A ti te amo. Amo a tan pocos que los colecciono en infinitos recuerdos diarios de segundos aletargados… No sé lo que digo… Quizás estas cervezas vengan bien. No pienso disculparme por este exceso de emotividad. Aquí no, aquí no hago daño a nadie, aquí puedo ser yo. Aquí puedo querer, amar.
Esa chica del bus estaba llorando, estaba triste y no es cierto que a nadie parecía impoprtarle. Todos sabíamos que lloraba y a todos nos conmovió su tristeza, pero quizás no le dijimos nada por miedo a importunarla, por vergüenza, pero en el fondo, en el fondo todos sentíamos su tristeza y nos fuimos para casa pensando qué sería de aquella chica de inmensas pestañas negras…
Todos sentimos pena, amor, ira u orgullo; todos lo sentimos, pero sin embargo nadie es capaz de comprender esos sentimientos en la piel de otra persona. Perdonamos nuestro propio orgullo, pero no el de otros. Perdonamos nuestra ira, pero nos cuesta horrores perdonar la rabia del de enfrente.
Y todo tiene un sentido, un porqué, aunque no lo sepamos la razón está siempre ahí, a la luz de la oscuridad, pero al fin y al cabo es una luz.
Me habéis partido el corazón tantas veces… que no cedo ya a la indiferencia ni al desencanto. Sois mis hijos, yo os he parido en mi mente como personas bondadosas y en mí está la culpa del sufrimiento. Jamás podré cargar contra vosotros y si me dejaseis me armaría de valor para ser yo la que os sorprendiese por detrás con un abrazo.
No, no es cierto. No os amo a todos; quizás desde la distancia sí, pero a ti, a ti y a ti os he amado y os amo desde dentro, desde mí misma.
¿Y a mí qué? No pienso matizar el “qué”. Sólo os digo lo siguiente: “a mí, ¿qué?”

1 comentario: