Sé que nunca lees mi blog, que prefieres leerme cada día en infinitas conversaciones repletas de dulzura, silencios compartidos, piel venerada y sobrantes palabras, pero da igual. Quería decirte solamente que “gracias”, gracias por habitar la soledad, mi soledad y hacer de este desierto de ensueño nuestro baño de fantasía. Sin ti la soledad no sería un trago al día de melancolía añeja, sino un exceso de agua turbia con que envenenar mis intestinos.
Simplemente, gracias por existir; al margen de lo nuestro, de mí, gracias, gracias por existir
martes, 20 de julio de 2010
Contigo la soledad casi se disfruta.
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