RAIN

martes, 22 de junio de 2010

Solitaria empantanada.

Que el mundo fluya enfermo por mi lado sudando embustes y desengaños, que se precipite por la cascada de la barbarie hasta caer en el lodazal de las lamentaciones, que una vez allí se transmute en fango pestilente y que las bacterias que de él emanen corrompan a las pocas alimañas que han quedado en pie. Que esto siga ocurriendo como hasta ahora! ¡Que siga! Que yo estaré aquí, haciendo de mí un charco inconmovible, una gota de agua estancada, una vulgar lágrima desprendida de un río convaleciente o quizás un lago hermético con fecha de caducidad...
Que las corrientes aguas de vuestro linaje no vuelvan a hundir los nenúfares reverdecientes
de mi pensamiento, que los sapos y las culebras no coronen ya las altas estepas de mis ideales, que los meandros se resignen a no volver a encrespar el agua mansa de mis costas y que la tundra arda en este puchero por el aterrador candor sembrado...
¡Que nada más viva aquí dentro de lo que ya vive!... Y que el escollo que planté anoche en esta tierra húmeda haga de esta poza mi gruta y de mí solitaria agitadora (1) de tierra empantanada (2).
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(1) solitaria: aquí como sustantivo, como "lombriz".
(2) Este párrafo posiblemente recuerde en contenido a la quinta octava real de "La fábula de Polifemo y Galatea"; en ella Góngora describe la caverna en la que habitaba el cíclope. No es casualidad.

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