Hace poco un colega me preguntaba en una de esas noches mágicas que sólo ocurren una vez cada 40 borracheras que qué era para mí la felicidad; fue entonces cuando supe por qué era y sería toda mi vida irremediablemente infeliz.
En una especie de reverberación mística, debida quizás al sonido de las campanas de la Catedral o porque el grado de alcohol en sangre superaba con creces el límite permitido, respondí que yo sólo sería feliz cuando las personas que estuviesen a mi alrededor, las que yo más quería, fuesen felices. Y lo dije así, a la ligera, y con una sonrisa en la boca, como si tal cosa fuese posible y mi felicidad estuviese al alcance de mi mano.
Mi compañero se quedó de piedra y pude atisbar por el rabillo del ojo que en su expresión se instalaban la lástima y el sobresalto. Acto seguido me preguntó: “Pero… ¿eso no es mucho peso para ti?” Y yo, que en ese momento tenía la mente lustrosa como un lucero (Xd) y mi vida patas arriba por semejante respuesta, le contesté autosuficiente: “bueno, mi felicidad está en manos de los que más quiero; la felicidad de la mayoría de los que conozco depende de personas que no conocen y que probablemente no conocerán jamás”.
Mutis por el foro… Con aquello y el regreso de un compañero de correrías la conversación se dio por concluida.
En una especie de reverberación mística, debida quizás al sonido de las campanas de la Catedral o porque el grado de alcohol en sangre superaba con creces el límite permitido, respondí que yo sólo sería feliz cuando las personas que estuviesen a mi alrededor, las que yo más quería, fuesen felices. Y lo dije así, a la ligera, y con una sonrisa en la boca, como si tal cosa fuese posible y mi felicidad estuviese al alcance de mi mano.
Mi compañero se quedó de piedra y pude atisbar por el rabillo del ojo que en su expresión se instalaban la lástima y el sobresalto. Acto seguido me preguntó: “Pero… ¿eso no es mucho peso para ti?” Y yo, que en ese momento tenía la mente lustrosa como un lucero (Xd) y mi vida patas arriba por semejante respuesta, le contesté autosuficiente: “bueno, mi felicidad está en manos de los que más quiero; la felicidad de la mayoría de los que conozco depende de personas que no conocen y que probablemente no conocerán jamás”.
Mutis por el foro… Con aquello y el regreso de un compañero de correrías la conversación se dio por concluida.
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