RAIN

miércoles, 7 de abril de 2010

(In)Felicidad en la Quintana.

Hace poco un colega me preguntaba en una de esas noches mágicas que sólo ocurren una vez cada 40 borracheras que qué era para mí la felicidad; fue entonces cuando supe por qué era y sería toda mi vida irremediablemente infeliz.
En una especie de reverberación mística, debida quizás al sonido de las campanas de la Catedral o porque el grado de alcohol en sangre superaba con creces el límite permitido, respondí que yo sólo sería feliz cuando las personas que estuviesen a mi alrededor, las que yo más quería, fuesen felices. Y lo dije así, a la ligera, y con una sonrisa en la boca, como si tal cosa fuese posible y mi felicidad estuviese al alcance de mi mano.
Mi compañero se quedó de piedra y pude atisbar por el rabillo del ojo que en su expresión se instalaban la lástima y el sobresalto. Acto seguido me preguntó: “Pero… ¿eso no es mucho peso para ti?” Y yo, que en ese momento tenía la mente lustrosa como un lucero (Xd) y mi vida patas arriba por semejante respuesta, le contesté autosuficiente: “bueno, mi felicidad está en manos de los que más quiero; la felicidad de la mayoría de los que conozco depende de personas que no conocen y que probablemente no conocerán jamás”.
Mutis por el foro… Con aquello y el regreso de un compañero de correrías la conversación se dio por concluida.

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