Lo que me duele de mi raza es la escasa capacidad que tiene de amar.
Está rodeada de cosas bellas y de especímenes maravillosos por los cuatro costados y sin embargo vive encerrada en sí misma. Se conforma, además, con un precario sistema afectivo, en el que las emociones y los sentimientos más nobles son reductibles a un mal empujar de vientre. Los abrazos, los besos y las caricias se restringen y todo adquiere un carácter puramente sexual. Mi raza se sigue creyendo una animal, y quizás lo sea, un animal simple que no ha aprendido a superar los instintos más básicos y se pone grilletes para poder controlar sus impulsos, unos grilletes forjados con una moral que impone castigos y destila siempre remordimientos y dolor… Y aquí dentro, en el centro, en esta isla que me domina, los afectos y los sentimientos intentan cruzar el inmenso charco en el que me habéis encerrado y terminan siempre naufragando, silenciándose y circunscribiéndose alrededor del único ser al que me está permitido amar. Y de tanto amarlo y quererlo las caricias se convertirán en rozaduras y terminará consumiéndose y entonces me quedaré sola, aún más sola en esta isla de soledad, donde poco a poco mi amor terminará consumiéndome a mí también.
... ¡Las palabras!… Haré de las palabras el mejor medio para amar a mi raza, para no asirme a los grilletes con los que camináis ni tropezar tampoco con los remordimientos de un apasionamiento desmedido que ni una sola vez he saboreado…
¡Con palabras! ¡Os amaré siempre con palabras! Me haré con un signo que tímidamente acaricie vuestras mejillas, con una palabra que os bese en la boca sin apenas daros cuenta y con un texto sobre el que poder dormir juntos. Y así no podré ser juzgada. Mis labios no tendrán que avergonzarse jamás por su conducta, mis brazos olvidarán el placer de rodear a otro cuerpo además del mío y mi mirada pasará de largo cuando tropiece con la vuestra. Y creeréis ver en mí a ese espectro sin mácula que tanto perseguís y sólo mi voz cálida revelará el largo viaje que he hecho, mi huida interior de esa isla rocosa a un bosque repleto de ciervos y de fuentes, donde todo conecta inevitablemente con todo y donde habitan especies de otros colores.
Música escuchada para esta rallada...
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