RAIN

miércoles, 10 de febrero de 2010

Grrrrrr!!!

Día de neuras, de odios y de reproches conmigo misma. Hoy mi piel me aprieta y me ciñe las venas, no deja que corra la sangre por mi cuerpo y se acumula toda en la parte de arriba; en estos momentos mi cabeza es una morcilla (jaja, me río…), un saco lleno de sangre coagulada aderezado con tropezones en forma de neuras, complejos y miedos varios.

26 años y sin experiencia laboral, tramitando un eternizado doctorado, ganando una miseria con unas clases en las que, parece, aprendo más que enseño y con unos planes de futuro realizados desde la infancia que se van difuminando a medida que pasan los días.

La pregunta ya no puede ser ¿qué va a ser de mi vida?, sino ¿qué está siendo de mi vida? ¿Qué hago por la Iris del futuro? ¿de qué me sirve un DEA, una tesina? (la tesis ya ni la contemplo), ¿de qué me sirve el voluntariado?. Por mucho que quiera eternizar mi adolescencia ya no soy una pubescente, ni siquiera una jovencita; el “usted” se me pega en ocasiones al cuerpo cuando hablo con la chavalada y las horas de recibir clase ya han pasado…

Necesito un trabajo remunerado, poder decir al mundo que existo y que, además, soy en cierta medida útil para la sociedad del malestar en la que vivimos. Necesito una excusa para mi cerebro, la trampa del dinero a la que todos acudís, la trampa de la casa y de la estabilidad para poder decir que soy alguien, para tener de qué hablar en esas horrendas comidas familiares en las que todo el mundo parece querer ponerse al día de los asuntos de los demás. Sin embargo, esa estabilidad también me aterra, porque si llega significará que habré renunciado a ser mil cosas para ser sólo una. Prefiero el miedo a ser algo que la rabia interior de no ser nada.

Necesito empuje, menos neuras, menos…… Necesito ser menos yo…“Yo”, esa construcción mental que me atora y me corta las fuerzas convirtiéndome en una mujer débil, sin empuje, acomplejada, neurótica, melancólica, sentimental, llorona, enfadada consigo misma y complaciente con el mundo. Sí, necesito ser menos “yo” y construir otro “yo” que sea más beneficioso para mí en el terreno académico/laboral para que, por lo menos, cuando me aproxime al ordenador la plantilla de Word no se ría al ver acercarse a una decena de dedos trémulos que casi piden permiso antes de apretar una tecla: “Disculpe, ¿le puedo apretar suavemente una “n”? No se preocupe, es posible que se la borre y me decante por una “m” para luego borrarla otra vez”. Yo soy así; “yo” es así. Grrrrr.

Hala, hoy me cabreo conmigo misma, me enfado y no respiro.


Y digo yo: ¿la gente que tiene problemas de verdad cómo hace consigo misma? Yo creo que me faltan problemas de verdad; si los tuviera, no tendría tiempo para pensar estas gilipolleces de niña estúpida capitalista. Otro motivo más por el que me cabreo conmigo misma!! Jajajaja

No hay comentarios:

Publicar un comentario