RAIN

sábado, 16 de enero de 2010

Ralladas 2 sin estar yo rallada.


Algunas paranoias personales sobre “la desesperación”:

 

La desesperación “es una enfermedad mortal”. Mortal porque pertenece al género humano e inmortal (sí, inmortal), porque en vida la desesperación se prolonga indefinidamente, provocando en nosotros el lamento de una vida eterna.

… La desesperación habita siempre en la complejidad; no hay desesperación simple, no hay sujetos desesperados que no presenten deformidades de pensamiento...

 La desesperación crea siempre, además, sujetos inconsistentes, tan maleables en su malestar que podríamos decir incluso que se arraigan deformes en la hechura de su cuerpo (la forma que se construye a sí misma en el malestar no puede ser otra cosa que deforme) y por  su deformidad los demás los perciben opacos, densos y seductores por desconocidos; sí, la desesperación es una deformación que atrae siempre a los felices: el desesperado es sin duda  el mejor de los acompañantes para los que nunca desesperan.

…Pero la desesperación no ha de verse como un grado de la infelicidad. No. La desesperación, por ser muerte en vida, anula toda posibilidad del sujeto de ser feliz y, en consecuencia, la de ser también infeliz. El desesperado no habita ningún estado, camina el estado de la aflicción para no asentarse en ningún lugar; de ahí su desesperación. El desesperado nunca descansa, y se puede decir incluso que vive desesperado por su cansancio. La desesperación es siempre un parto continuo hacia lo desconocido y es la vislumbre de lo que no se presenta a la vista, las sombras, lo que realmente desespera al que sufre de desesperación. La ceguera y el cansancio; he ahí dos características claves del desesperado.

… La desesperación, dije antes, atrae; seduce en dos sentidos distintos. La desesperación se seduce siemprea sí misma. Es frecuente que los desesperados se desesperen por haber creído tan sólo un momento haber salido de sus desesperación. “¿Es esto normal?” se preguntan, y es esta autonconsciencia la que les lleva de nuevo a la desesperación; la desesperación por no desesperar demuestra la dependencia enfermiza del desesperado…  En otro sentido, la desesperación es siempre seductora para quien cree contemplarla (pues contemplarla es, en sí mismo, un despropósito evidente); llama al consuelo, a la compasión y en general al deleite aborrecible de observar aquello que es como uno mismo pero sin duda alguna (se cree) mucho peor.

 La desesperación del uno llama también a la desesperación del otro. Los desesperados se maridan intelectualmente y se llaman sin oírse en abrasadores silencios desgarrados…

 

Leyendo “Tratado de la desesperación”, de Sören Kierkegaard. No creo que aguante mucho; pensar tanto sobre la desesperación me desespera y no entender todo lo que el autor quiere decir me desespera aún más…

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