RAIN

sábado, 16 de enero de 2010

Rallada 1



Mi frustración lleva comas, espacios, a veces diéresis y nunca un punto y final. Mi frustración son las letras que nunca escribo; por vagancia y por falta de tiempo. Soy una mujer vaga, lo reconozco; en extremo.
Mi vagancia deviene temporal. El tiempo es siempre vago por naturaleza; no impreciso, ojo, sino ocioso. El tiempo se deja pasar, transcurre cómodo y cuando te apresuras a criticarlo por su holgazanería, sin quererlo, ya estás sentada junto a él en el sofá más confortable, hurgándote las pelusas del ombligo... Soy de l@s que opino (no sé si habrá más) que si a una persona le da tiempo a observar el tiempo y juzgarlo es que entonces no lo está empleando bien… Yo, por ejemplo! No lo empleo, lo juzgo; juzgo mi propio tiempo desperdiciado en amorosas tardes de invierno a la lumbre (siempre calcinadora) del televisor; desperdiciado también en absurdas estampidas por la orilla del río, en pensamientos intranscendentes consumistas de franjas horarias a mi modo de ver anoréxicas.
Conmigo el tiempo es un lujo de escaparate: lo observo, lo adoro por su belleza y lo odio también porque no es mío; el tiempo nunca es mío. Alguien me lo ha robado.
Me gustaría emplear el tiempo en escribir. Otro tiempo! No el que se muerde las uñas o el que se pierde a sí mismo, sino el que se autogestiona debidamente, el afanoso. Otro tiempo es posible, sí, pero, ¿ese tiempo me querría a mí? ¿Vería en mí un objeto digo de darle vueltas, de modelarlo en su vientre? Quizás me pidiese esfuerzos mayores que los que ahora me desperdician, quizás me exigiese la soledad extrema, un contrato de exclusividad… No lo sé…
Sí, quiero otro tiempo, un tiempo que me ayude a hacer lo que quiero hacer.

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