Esta tarde nos hemos reinventado a nosotros mismos, hemos vuelto al principio, a la inocencia. No nos hemos tocado apenas, nos hemos traspasado la piel, la hemos aguijoneado y hemos rebasado la frívola barrera de lo palpable con nuestros besos.
Te he sentido. Como nunca. Como al principio. Te echaba de menos… Te he echado mucho de menos, durante meses, y siento además que te echaré siempre de menos. Siempre lo hago, incluso cuando estás ahí, delante de mí, en esa ausencia que me fascina...
…Yo no quiero una rutina. No me basta con verte o con tocarte. Tocarse es tan fácil… La gente se roza en el autobús, se da la mano en el trabajo… A las familias que no se quieren las he visto incluso abrazarse y en las calles los viejos y las putas se besan… Y yo no quiero eso… No quiero tocarte. Contigo no quiero fronteras, quiero ir más allá de la piel, llegar al centro e instalarnos ahí. Y que no te olvides de que me quieres, de que me adoras…
No quiero que me conviertas en familia; no quiero ser una imposición, una rutina, un “ya te tengo”; quiero ser un “te quiero cada día más”, una compañera y no una esposa. Una aventura nueva cada noche a la que le das un beso por la mañana. Quiero ser muchas cosas, lo sé, pero contigo sólo quiero ser yo.
Esto lo escribí hace un mes y no volví a verlo. No me gusta contar mis intimidades que no son mías, las que no dependen de mí e implican a otras personas, como es este el caso, pero hoy necesitaba decirlo. Ya sé que nunca me lees, pero… Eso.
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