RAIN

domingo, 20 de diciembre de 2009

Melancólica...


Había una mujer triste en las calles de Coruña mirándose en un espejo; la vi desde fuera y entonces me imaginé lo que podría estar pensando, sin más. Un monólogo ficticio.

“Todavía me sigo preguntando cómo fue que te me metiste dentro, cuándo fue el día en que te me introdujiste en las entrañas como centro extraño de mi humanidad, en qué lapso de aquella conversación te deslizaste por debajo de mi chaqueta azul y me cosiste un botón hecho de aire en el vientre… ¡Cómo es que no me di cuenta! ¡Cómo te me enredaste de aquella manera sin yo notarlo! !En mí! Que titilo con tal sólo sentir el roce del viento y que tantísimas cosquillas tengo…
Quizás fuiste más leve que el viento… Tal vez no fue tu mano, sino tu voz la que como una brisa se escurrió por entre nuestras palabras para instalarse como cicatriz abierta en mi cuerpo... ¡Mira! (se levanta la camiseta dejando al descubierto su ombligo), aún la conservo aquí: hundiendo mi piel, coqueteando con mis intestinos, imprimiéndose en mí como único testimonio escrito de la singladura de tu cuerpo, sangrándome un poquito cada día, esperando inútilmente a que vengas a cerrarla, a que por sorpresa te me abajes y agarrándome de la cintura y recogiendo mi camiseta la sanes con un beso… De verdad, no sé cómo inexplicablemente sigues sangrándome todavía; no sé cómo incomprensiblemente tu voz aún resuella con cada movimiento de mis caderas. Dejará de hacerlo; con el tiempo, supongo. Entonces, coseré esta herida que no me corresponde y olvidaré que te pertenezco en el orden quimérico de algún que otro soñador embriagado para empezar a recordar el orden real en el que vivo, donde soy feliz al margen de ti, donde tú no eres más que un gentil recuerdo de lo que nunca fue y de lo que nunca pudo haber sido”.

Sí, ya sé que he puesto este vídeo, pero estoy obsesionada con esta canción, hala! Mis emociones se sienten cómodas en ella.



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