“Quizás no seamos tan diferentes, quizás yo a tu edad pensaba igual que tú”
La excusa de l@s que ya han dejado de soñar, de l@s que ya no son capaces de ser felices ni siquiera en su imaginación es siempre la edad; la edad lo explica todo y cuando la edad entra o mejor dicho alguien entra en edad (en edad de qué?) es la edad la que tiende a querer tener la razón en todo sin saber que no es un argumento sólido en ninguna conversación, sino sólo un factor extrínseco a la conversación que ayuda a generar, eso sí, argumentos de autoridad siempre que nuestro interlocutor tenga menos edad que nosotros, claro. He ahí el motivo por el que yo jamás cuente con ninguna autoridad a la hora de decir nada en la mesa familiar: me faltan argumentos y cuando no me faltan, me falta edad.
Lo detestable de ser la pequeña de la familia es que ya todos dicen haber pasado por los mismos razonamientos que yo hace años (por tanto, hace “x” años ellos eran yo), con lo cual todo lo que yo diga resonará en los oídos de los demás como molestos ecos de juventud perdida que provocarán, muy a mi pesar, una serie de discursitos paternalistas, maternalistas y fratertosterónicos de lo más fastidiosos.
Tengo que suponer (no afirmo nada, que aún no estoy en edad) que si mis palabras son capaces de subir la temperatura verbal del ambiente durante una comida familiar sin necesidad de microondas es porque en cierto modo la visión que mis padres y mi hermano conservan de sí mismos hace años les incordia; el porqué ya no lo sé y tampoco creo que esté aún preparada para saberlo (sigo sin estar en edad). De todos modos, si ellos tuvieron las mismas ideas que yo hace tiempo y ahora están donde están y se sienten tan orgullosos de su sistema de creencias actual no debería importarles que yo, con mi edad, piense lo que piense; después de todo, yo llegaré a ser ellos con el paso del tiempo y ya tendrán oportunidad entonces de escuchar de mis labios aquello de “cuánta razón teníais”. Mientras tanto, tienen que saber que los enunciados “ya me lo dirás dentro de unos años”, “yo pensaba igual que tú”, o “tienes que aceptar el mundo tal y como es” no van a provocar en mi persona actual otra cosa que rechazo o incomprensión, porque no estoy tan “evolucionada” como ellos para comprender algo que sólo llegaré a comprender con la edad. ¡Quién sabe! Quizás pretendan salvarme de la desilusión, del batacazo o quizás no les resulte nada fácil conversar con alguien que les gustaría seguir siendo.
Empiezo a pensar (sin pensarlo aún del todo…) que es posible que la autoridad que da la edad se vea amedrentada por la esperanza que proporciona la juventud. Del mismo modo, dudo que la madurez, ese estado cognitivo que tal y como me lo venden sólo proporciona a mi entender una visión unidimensional y fascista del mundo, se consiga con ningún batacazo, sino más bien con varios y pequeños traspiés, fruto de una observación continua y de la comparación entre la imagen (intuitiva) mental de lo que es o de lo que está siendo el mundo y de lo que debería ser (holograma siempre muy doloroso). Con cada resbalón frustrado (siempre hay un pie que se atropella para parar el batacazo) el cuerpo extrema la precaución y aprende, y, en caso de caer algún día, la distancia entre el umbrío suelo y la lustrosa cara (pongámonos pedantes, por Dios) no resultará nunca tan temible.
No sé si me explico (últimamente no se qué me pasa que no logro unir dos palabras sin temor a expresarme mal; afasia de complejo de inferioridad); lo que trato de decir es que hay que familiarizarse con el mundo por el que andamos, pero no arrastrarse por él. Los pies han de estar en la tierra y han de conducir a nuestra cabeza en la dirección adecuada, pero esta no ha de rozar el suelo más que en contadas ocasiones; en todo caso, podemos agacharla un poco para ver mejor el camino y saber si el terreno por el que nos movemos es de arenas movedizas o de amables margaritas. Ah! Y por supuesto no creo en el batacazo redentor del que hablan los “entrados en edad”, sólo en una renuncia (la suya) de ideales, fruto, tal vez, de unas expectativas demasiado ambiciosas que se han visto frustradas con el paso de los años.
Yo, sin embargo, como no tengo expectativas sobre el mundo, sino sólo sobre mí con respecto al mundo pues no me resbalo, sólo me “duelo”.
Si pensamos que es el mundo el que nos tiene que dar es normal que nuestra actitud en un futuro sea la de “que le den al mundo, que es un asco”. Prefiero pensar que soy yo la que le tengo que dar al mundo; así, de enfadarme con alguien, me enfado conmigo misma (coño, a ver si de ahí me viene el sentimiento de culpa… Mmmm… Interesante… Una cosa más con la que empezar a trabajar; tomo nota).
En fin, que sí, que tenéis razón, que no puedo ir así por la vida, pensando que hoy en día hay que ayudar al que menos tiene, sino que sólo hay que ayudar al que más se esfuerza Y OBTIENE RESULTADOS. Ademças, seré tonta y analfabeta, coño! Yo pensando que no tod@s teníamos las misma oportunidades en la vida y resulta que sí, que una vez en la misma línea de partida tod@s jugamos con las mismas ventajas; y si no tod@s llegamos a la meta, ojito, es que no nos esforzamos lo suficiente. Acabáramos [eso, tçu ahora mçeteme la “ç”]
)¡!¿(/¡)¡¿₧?¿!+?¡ Bueno, pues nada, seguiré siendo la niñitA peque, débil, sensiblona e idealista que no tiene puñetera idea de nada y a la que hay que cambiar los pañales porque no sabe ir sola al baño. “/(/)¡!!)(/W¿?. Aviso: mi mierda de bebé huele mal, a utopía bobalicona de la que apesta; absténganse de limpiarme el culo descarnados y distinguidos racionalistas.
Yo es que me voy a hacer hombre… Otro día, cuando me vuelva la seguridad, y con ella la fluidez verbal ,hablo de la actitud argumentativa masculina. Ahora no doy.
Un día salgo con un traje rojo como este que veis aquí, con esos tacones, con ese pelaso, plantifico un micrófono en la cocina de la casa familiar y digo unas cuantas cosas bien altas mientras me sacudo el pelo como la Beyoncé en el minuto 1:18. Mientras, no me queda otra que comerme el puré y cagarme en los pañales.
Chiquilla no te atormentes , las edades no deben generar autoridad en argumentos o formas de pensar , como se suele decir "cada persona es un mundo" y ese mundo se debe manifestar cuando es , aunque otros hayan pasado por el .
ResponderEliminarHay que ser "rebelde" y no dar todo "por sentado" ¿Porqué no puede ser tu pensamiento el bueno?
Un abrazuco o + galleguca
Paco