Os dejo hoy con mi rondalla favorita, la rondalla Tanxedoira., la más fabulosa de toda Galicia (sin duda), ya no sólo por la calidad humana de algunos de sus integrantes, sino por la originalidad en la selección de varios de sus temas musicales.
Xulio, Miguel, Chus, Rosa, Ángel, María Jesús, Mar, Raúl, Enma, Salomé y muchas personas más hacen que Elvis, “el meneacaderas estadounidense”, suene a Galicia y que los Beatles no pierdan ni un ápice de su rock sesentero en la boquilla de cuatro flautas tañidas por ocho manos prestidigitadoras que más parece que vuelan en vez de tocar.
Esta pieza es, sin duda, mi favorita; quizás porque fue la primera que les escuché y la primera que toque con ellos cuando aún tenía por costumbre llevar moñitos a cada lado de la cabeza al más puro estilo Puca (“uséase”, con 20 tacos; no hace tanto).
Ya hace un par de años que no toco con ellos y, la verdad, se echa de menos. Extraño la cara de asombro de Xulio cuando las flautas hacíamos coincidir con exactitud (cosa rara, la verdad) nuestras voces en el arpegio final de esta danza o los nervios de última hora antes de salir al escenario; a Mar dándole un ataque de risa, al pequeñín (que ya no es tan pequeñín) de Ántón poniendo cara de concentración ante la mirada atenta de Xulio, nuestro director (y también su padre) y también sus múltiples besos.
Mis canciones favoritas, sin duda, son:“Canción de amor”, compuesta por Xulio (no daré apellidos por no oportunar a nadie), “Nacida libre”, “Apache”, “Danza de Albarellos”, “Danza de trala serra”,”El diablo bailarín,” “El Humahuaqueño”, “Siklla”, “The latest flame”, “Eleanor Rigby”… En definitiva, todas.
Es posible que tengan fallos, que tengan un mal día (o muchos) en alguna de sus actuaciones, pero el valor de estas personas que todos los fines de semana se reúnen en un pequeño local del Barrio de las Flores para tocar reside en su voluntarismo y en sus ganas de aprender e innovar. Veréis muy pocas rondallas en las que la mayoría de sus integrantes no sepan lenguaje musical y suenen así de bien, con tanta sensibilidad.
Reconozco, no obstante, que las primeras veces que toqué con ellos me costó un mundo entero entender el “dialecto” musical que empleaban. Los signos utilizados para marcar las notas y el ritmo me desconcertaban y hasta que no olvidé todos los prejuicios aprendidos en el “Conservero” Municipal de Música no empecé a disfrutar de la música. Por primera vez en mucho tiempo, tocar un instrumento musical no fue para mí un suplicio, sino un modo a través del cual poder expresarme sin tener que atender a si en el barroco había o no había “rubatos”.
Con ellos aprendí que los convencionalismos no infunden el arte, ni siquiera lo impulsan, sino que es el mismo arte (particular y… artista) el que motiva a las personas a crear convenciones para compartir sus experiencias y sus sentimientos.
Después de todo este rollo sentimentaloide os dejo con “La danza de albarellos”, interpretada por Milladoiro y ahora (y desde hace ya más de 25 años) por la rondalla Tanxedoira.
Ah! Y ya sabéis, a dar palmas, que, si no, no molaaaa!!!! XDXDXDXD
PD: ahora llevan unos trajes chulísimos confeccionados, en parte, por Digna, la madre de Miguel, pero antes teníamos que llevar falda negra, camisa blanca y…. pajaritaaaaa!!! Cuántas veces le habré soltado a Xulio lo de “¿puedo tocar en pantalones?” La respuesta, salvo raras y deseadas excepciones, siempre era “no”, jejeje.
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