RAIN

domingo, 27 de septiembre de 2009

Rallada sobre "Cuestiones de sociología", de Pierre Bourdieu.

P: Usted dice que las clases dominadas tienen un papel pasivo en las estrategias de distinción, que sólo son “una superficie de contraste”. No existe para usted, por tanto, una “cultura popular”.

Bourdieu: La cuestión no es saber si existe para mí una cultura popular o no. La cuestión es saber si en la realidad existe algo que se parezca a lo que denominan así los que hablan de “cultura popular”. Y a esta cuestión yo respondo que no.

Completamente de acuerdo con Bourdieu, por desgracia. A pesar de mis pocos, casi nulos (vaga, joder!) esfuerzos ilusionados por centrarme en los discursos de la gente “ordinaria”* jamás lograré hacerles un pequeño hueco en el mundo de la cultura; y no porque mi voz se silencie a sí misma debido a su falta de consistencia, por ser merengue cortado, sino porque tal propósito es imposible, por no decir ya un absurdo. Yo no puedo defender la existencia de una cultura popular por no ser quien debería ser a la hora de hacer mi alegato. Puedo defender, todo lo más, la existencia del producto de la “cultura popular”, pero nunca referirme a ella como organismo vivo e independiente de los intereses de mi propia voz discursiva académica. Para poder lograr este extrañamiento yo no debería saber lo que sé, tampoco debería estar inscrita en la lista de personas que detentan, y aún más importante, manejan, cierto capital cultural (si no lo tengo, puedo acceder a él fácilmente; privilegios de estar en el marco de la Universidad); por desgracia si no supiese lo que sé jamás me habría tropezado con los “chichones del lenguaje” (Ludwig Wittgenstein dixit) y tampoco podría cuestionar la existencia de la “cultura popular” ya no como lo que no es, sino como lo que es: un producto. Así, lo que sé y la voz que ha parido este conocimiento y que es también mía (sí, con esto quiero dar a entender que mi voz no es un continuo que se gestiona a sí mismo de manera armoniosa, sino un ruido quebrado con bipolaridad malsana) me condenan a no poder defender jamás la existencia real de la cultura popular como conocimiento único, honesto y no dialógico (esto es, como conocimiento que no se comunica servilmente con otro conocimiento de carácter “no popular” y, por tanto, dominante), sino como un alien fraudulento, producto de la disección habilidosa y conveniente que unas manos robóticas y dirigidas por cierto Raciocinio tiránico practican de la… ¿realidad? (qué es lo real? Los productos no son reales ¿?). En definitiva, la “cultura popular” es una mercancía construida por los intereses de las clases dominantes para poder seguir marcando la diferencia; es, por tanto y nunca mejor dicho, una cultura de contraste.
Pretender acercarse a la realidad sin caer en ella (todos “semos” cultura popular, todos “semos” gente ordinaria en nuestras casas) y aspirar a observarla y fijarla discursivamente ya no como un producto mediado y dominado, sino como un ser vivo libre (¿?), implica olvidar una situación determinada en el mundo (y que, mucho me temo, será la de monstruito académico debido a la clase de objetivo que se pretende), implica una despersonalización de nuestra voz más académica (una silenciación) y supone la sustitución de unos objetivos que nos han sido dados para que nos elevemos por la senda de los privilegios por otros mucho menos satisfactorios económicamente peeeeeeeeeero más leales con cierto orden de Verdad que aún no sé si existe.
Curiosamente, cuanto más escribo sobre la “cultura popular” más la estoy oponiendo (y la oposición siempre conlleva dependencia) a la “cultura dominante”…
Quizás debería presentarme al tribunal del DEA con mi trabajo academicito bajo el brazo y brindar a los allí presentes con mis únicos conocimientos verdaderos sobre “la escrita popular”: “¿Quieren que les evidencie la valía del discurso de la clase subalterna en nuestra sociedad? Bueno; bajemos entonces tod@s juntos a la cafetería y charlemos sobre nuestras vidas; les aseguro que será mucho más valioso lo que allí se escuche que lo que yo me siento forzada a decir aquí hoy”.

¿Existirá otra verdad además de esta? Pshhh… Para mis propósitos de cambio esto no importa; si no existe me la agencio y ya está. Ahora bien, ¿Es posible otra realidad académica, que empiece a fijar los conceptos del mundo que él mismo crea con su Todopoderosa palabra sin tomar su propio ombligo como centro del Universo?
Esto me preocupa mucho más; yo no puedo agenciarme un mundo académico privado (… Jajajajajaja; curiosa expresión… ¡Mundo académico privado! Pero eso no existe ya…Jajaja), personal, que se amolde a lo que, creo, es la mejor opción (quizás no lo sea, todo esté ya bien y yo esté demorando inútilmente mi tarde de compras pensando en gilipolleces). Pero ese mundo académico es imposible… Es una consecuencia de algo mucho más gordo que ni conozco (como todo lo que digo por aquí…) ni me apetece pensarlo siquiera.

Todos los problemas de esta sociedad empiezan por “academ”. Cambiando el mundo académico: los objetivos, expectativas, metodología, relaciones estructurales… El mundo “real”, ese que imaginamos, saldría a la luz. Sólo hay que derribarlo.

Música del gusto “popular” versionada por el pueblo. Sí, Rihanna puede llegar a conmover. Algún día escribiré el puto poema que me sugiere esta canción; un poema naciente del amor que siento hacia el ser humano que habita en tod@s nosotr@s; sólo hay que saber encontrarlo.

Rihanna: Live your life, de Rihanna, por P. Miller.



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