La “L”iteratura se produce por la explosión de la lengua y el asentamiento de sus partículas en significados perturbados; utiliza el lenguaje de lo prohibido, lo extraño y lo inimaginable y, sin embargo, se asienta sobre el dominio de lo autorizado. Sus creadores son seres jergafásicos, logorreicos, daltónicos y peligrosos para los límites del cuestionable raciocinio de la lengua y, aún así, reciben el “Elogio de la Locura”. La Literatura es Locura institucionalizada; discurso maníaco y depresivo que provoca fascinación transitoria (como todas las absurdas fascinaciones del ser humano) y eleva a sus Autores a lo más alto de los privilegios sociales.
La “l”ocura, sin embargo, esa que ni se pronuncia y que en vez de asentarse se revuelve sobre su trono de lo minúsculo, produce seres lastimosos, repudiados sociales con las mismas características psíquicas que los que adoramos y, no obstante, con opuestas particularidades sociales. Su lenguaje ya no es figurativo, sino malignamente denotativo; no sugiere un destemple de la razón, afirma la dolencia de un pensamiento agrietado, por donde se precipitan todas las faltas del lenguaje…
La Literatura crea Obra; la locura, simplemente, obra.
Tal vez un día ya no se sabrá muy bien lo que pudo ser la locura [Imposible, me temo; la locura va de la mano de las diferencias sociales y estas, de la mano del ser humano.]
… en aquel circunscrito, sagrado, temido, elevado a la vertical por encima de sí mismo, remitido a sí mismo en un Pliegue inútil y transgresivo, que llamamos literatura.
(Citas de Michel Foucault, Entre filosofía y literatura.)
Música: Atrocities, de Anthony and The Johnsons.
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