Me acabo de dar cuenta de que si algún día me tocase estar mal por algo nunca podría "disfrutar" de mi malestar; estaría mal principalmente porque las personas que se preocupan por mí estarían preocupadas. Si algo malo me ocurriese yo no podría sentirlo por mí, lo sentiría por la gente que me quiere y que estaría mal por yo estar mal, con lo cual, estar mal desde mi punto de vista (un poco enajenado) sería un egoísmo porque incidiría negativamente en el estado de ánimo de otras personas.
Quizás por eso esté mal últimamente, porque quiero estar mal y no puedo o no me lo permito. Hay días en los que no me apetece estar bien, no me apetece sonreir ni tampoco seguir con mi rutina (sin trabajo) que considero insoportable por su inutilidad a la sociedad y al mundo. Y, sin embargo, sonrío y hasta hoy pensaba que sonriendo se me iban las amarguras temporalmente, pero no. Yo creía que sonreía porque quería, por un intento de vencer la desidia y de vencerme a mí misma y resulta que no. Sonrío porque quiero que los demás me recuerden alegre o para arrancar sonrisas o alegrar a alguien o no importunar a l@s que en verdad han tenido un mal díaen el trabajo. Sonrío para los demás y esto no es bueno, no es bueno pero tampoco puedo cambiarlo, al menos no así como así. Tengo la necesidad imperiosa de pedir permiso para sentirme mal; aún el otro día le pregunté: "¿te parece bien si hoy no estoy muy sonriente?". Es absurdo y no obstante tengo que pedir permiso. Enfadarme, entristecerme y manifestarlo es un lujo que, ahora que lo pienso, hace siglos que no me doy. Claro que me enfado (soy humana) y aún tengo más claro que me entristezco, pero manifestarlo me resulta siempre imposible porque tengo miedo de que alguien por un instante se preocupe mínimamente, así que procuro racionalizar todo y encontrar una solución poco llamativa a esas emociones: correr, cantar, escribir, aporrear el piano (esta última llama bastante la atención, xDxD) Me gustaría poder decirle a alguien: "quiero gritar, romper un plato, chillar y que no te afectase mi conducta, que lo vieses algo normal" y que ese alguien me respondiese mientras lee el periódico tranquilamente: "vale, me parece bien la verdad. Muy buena idea!" Y hacerlo. Últimamente cuando corro pienso muchas cosas: hay días en que me imagino bajando a la tienda de los chinos y comprando una vajilla entera de estas barateiras para luego subir al piso y estrellarla contra el suelo; otras me imagino bajando a la playa de la Torre y gritando como una posesa o llorando a solas mientras me desahogo y echo todo fuera... Cuando pienso todo esto involuntariamente corro más rápido o se me pone cara de velocidad, jeje.
No sé, quiero, necesito poder estar mal y saber que no voy a alterar el estado anímico de nadie. No quiero que nadie se preocupe, que nadie piense que estoy loca por querer, desear con todas mis fuerzas romper un plato o cargarme un jarrón, o ya no loca, sino que estoy atravesando una crisis; no hay crisis ninguna y sí muchos platos en el mundo. Sobran platos xDxD.
No, decir que un@ está mal no se puede; además, ¿qué motivos hay para estar mal? Ninguno. Posiblemente los demás tengan problemas más graves y total a mí lo que me pasa es que necesito trabajar, necesito trabajar y pasión. Sí, necesito pasión, pero no de la que termina vertida en un profiláctico. No, de esa no. Necesito vitalismo, ganas de vivir, provocar ganas, tener empuje e incentivarlo. El mundo es tan grande y hay tanto no por ver, ni por tocar, sino por experimentar interiormente que yo misma me quedo pequeña ahora.
Y están los convencionalismos, sí, que pesan. Los roles: hija, amiga, novia, futura madre, futura esposa... Los roles unidos a relaciones personales me aturden, me dejan ciega. En cambio, quiero roles profesionales, quiero abarcarlos todos y sentir que progreso, que aprendo. Quiero tener mil profesor@s en esta vida, aprender cada día, descubrir y sin embargo últimamente sólo me apetece llorar. Me pasaría el día llorando y no lloro, me pasaría el día rompiendo platos y no rompo ninguno (nunca me he dado el gustazo), me pasaría el día hablando de mí, de cómo me siento yo y no pensando en cómo se sienten los demás. En mi día a día soy un chiste, un chiste bastante malo aunque resultón que ameniza los momentos insustanciales de las personas que me rodean. Y lo llevo bien. También llevo bien ser la que da consejos útiles y se mueve resuelta por el mundo. Lo que llevo peor es ser esa neurotiquilla que llora cuando ve una peli triste o no redcata lo que debiera, esa chiquilla que llora cuando no acepta lo que le ocurre por dentro porque se le escapa de lo convenido, la que habla de todo lo que siente, la que confiesa sentir enojo por algo... Llevo peor ser excesivamente humana; no porque no me guste, ojo, sino porque supone un esfuerzo para los demás entenderme. Explicar continuamente lo que me sucede por dentro como si fuese un bicho raro es cansado; para mí y para los demás supongo que también. Tengo oídos, tengo amor y tengo voluntad, pero siempre tendré que explicar lo que me ocurre y por eso a veces me siento sola en el mundo y otras culpable, porque si yo fuese como la mayoría nadie tendría que realizar ningún esfuerzo por entenderme.
Yo sólo aspiro en estos días a no snetirme en la necesidad de pedir permiso para no estar bien y "disfrutar" de mi malestar egoístamente, sin risas o chistecitos irónicos o sarcásticos que hagan de mi malestar ocasional un marco gracioso con el que comenzar cualquier conversación.
LECCIONES:
"PERMÍTETE ESTAR COMO ESTÁS, AL MARGEN DE LO QUE PIENSEN O PUEDAN SENTIR LOS DEMÁS. TÚ ANTES QUE NADIE".